A la mayoría de madres con lactancias prolongadas nos ha pasado; viene tu hijo/a a pedirte teta (sí, sí, a esa edad corren, caminan, hablan, te levantan la camiseta y se autosirven) y a ti te entran los siete males, sale el alien que llevas dentro y te entran ganas de salir huyendo en el mejor de los casos o de lanzar a tu hijo/a hasta la otra punta de la casa en el peor. Este rechazo instintivo e incontrolable tiene el feo nombre de agitación por amamantamiento. Parece impensable que después de haber instaurado la lactancia (a veces con gran esfuerzo y superando dificultades) y estar en una especie de luna de miel de la lactancia pueda llegar un momento en que ya no la disfrutemos. Pero sucede. Creo que es más duro si no sabes que esto te puede pasar y de repente te encuentrás gritándole a tu hijo de dos años que te suelte ya. Si ya sabes que esto es posible, el día que te pasa, no te coje con la guardia baja. No todas las madres padecen esta agitación, suele ser común en lactancias prolongadas, durante el embarazo del segundo hijo, en lactancias en tándem o durante la ovulación. Es un rechazo a que el hijo mayor tome pecho, es algo totalmente irracional, animal. Genera muchos sentimientos contradictorios a la madre, dado que solemos querer seguir dando el pecho, pero en ese momento nos resulta imposible hacerlo.
Queremos a nuestro hijo/a con todo nuestro corazón, pero en ese momento nos vemos incapaces de demostrárselo de esa manera. A parte, nuestro retoño no entiende nada, no entiende que su madre no le quiera dar el pecho y si no gestionamos bien la crisis solemos acabar llorando los dos.

¿Qué hacer?
Lo primero, entender que es un proceso instintivo. Mi teoría es que es un rechazo del cuerpo a seguir produciendo leche para una cría que ya no la necesita para sobrevivir. Como especie lo normal durante nuestra historia no ha sido la abundancia de comida y nuestro cuerpo a veces todavía está en «modo emergencia», así que si viene otro bebé o ya los tenemos en brazos o nuestro hijo ya es «mayor», el cuerpo interpreta que ya no necesita hacer este coste energético y nos envía así la señal. Hablar con otras madres en la misma situación nos puede ayudar mucho a no sentirnos tan mal. La segunda opción es evitar el momento clave. Si sabemos que nos pasa durante la ovulación, o justo para ir a dormir, o mientras nos toca el otro pezón o cuando el pequeño ya está mamando, se trata de evitar al máximo esa situación. Si es el caso de agitación durante la ovulación, sabemos que es algo temporal y que en unos días volveremos a la normalidad. Intentaremos esos días hacer menos tomas y listos. En el caso de un
embarazo, sabemos que dura 9 meses y podemos valorar si tendremos la paciencia de llevarlo dignamente o si necesitamos reducir tomas. Si no es posible evitar la toma, entonces reducirla. Podemos reducir la cantidad de tomas o su duración. Hay madres que pactan con el mayor que la toma dura mientras mamá canta el «sol, solet» o cuenta hasta 10 y ya está. En estos casos es imprescindible hablar con el hijo/a en cuestión y explicarle nuestros sentimientos. Es complejo y lo normal es que no entiendan nada, pero entenderán el tono y la intención. Una frase del tipo «mamá te quiere mucho, pero ya no se siente cómoda cuando…» puede ser de utilidad. También puede ayudar hacer con ellos una lista de maneras de demostrar amor para que ellos también valoren que mamá no sólo les quiere cuando les da teta, sino también cuando les da besos o abrazos. Hay que evitar que los niños se sientan mal o culpables por pedir algo que hasta ahora habían recibido sin mayor problema. Hemos cambiado nosotras, no ellos. También puede ser de utilidad revisar la toma, a veces se dedican a hacer contorsionismo y nos cojen el pezón en las más variadas posturitas. Si se ponen en una postura más cómoda y abren más la boca suele ser menos molesto. Hay veces que la agitación por amamantamiento es tan intensa y en cada toma que la madre valora seriemente el destete. La lactancia es un tema de dos, a veces lo acaba el bebé y otras veces la madre y ambas opciones son válidas. Hay muchas opciones para destetar de forma respetuosa y cada madre debe valorar cuales son válidas en su caso.Resumiendo, la agitación por amamantamiento es un proceso normal y común, aunque muy desagradable. Las maneras de reducirlo dependerán del carácter de la madre y del hijo/a, pero como en la mayoría de cosas
relacionadas con la crianza y la lactancia, el apoyo y comprensión de otras madres es de gran ayuda.

#Andrea Lorente.
Asesora de lactancia
www.mareamaretgn.wordpress.com