Son muchas las teorías que, año tras año, van surgiendo para poder dar algún aliento a los padres sobre los famosos cólicos del lactante. 

Como su nombre ya lo indica, todo son teorías que no acaban de tener un peso científico, por ello actualmente definen a los cólicos como un llanto inexplicable, aparentemente sin motivo, que no cesa durante 1 a 3 horas,  3 o más días a la semana. 

Aunque en este artículo nos centraremos en cómo podemos trabajar los gases desde la perspectiva del masaje infantil, vamos a dar una pincelada a posibles teorías para que sean los padres los que, con toda la información en la mano,  puedan ir prestando atención a las necesidades de sus hijos e ir descartando posibles factores que estarían causando este malestar al bebé.

Partiendo de la base que las necesidades físicas del bebé ya han sido cubiertas (frío, calor, limpieza, alimento, succión,  balanceo, brazos y contacto físico con la madre…), y que el pediatra ya ha podido hacer una primera valoración, ¿qué podría estar causándole ese llanto?

FACTOR EMOCIONAL

Este podría ser el primero de la lista… cada vez son más los pediatras y psicólogos que defienden esta teoría, ya que hay más estudios que sostienen la importancia del contacto y las necesidades emocionales en los recién nacidos.

 * Contacto físico y contención.  Aunque ya tengas a tu bebé en brazos, lo balancees, y le des todo el cariño del mundo, puede que no sea suficiente para calmarlo. Como ya comentamos en el segundo ejemplar de Mum’s la transición extrauterina tiene un gran peso sobre los recién nacidos. Estar arrullados, mecidos, alimentados en cálidas aguas junto al tun-tun del corazón de su mamá y llegar a un mundo táctil desconocido, donde existen para él movimientos  bruscos e inesperados, y donde lo único que conoce y le da seguridad es su mamá. Es importante prestar atención a esta transición y respetarla lo máximo posible . ¿Cómo? Algunos autores mencionan el exceso de estímulos que siente un recién nacido. Aunque esté en brazos, el hecho de vestirles, cambiarles de postura continuamente, rozarles la cara, cosquillas inesperadas, irse de brazos en brazos, o bien estar lejos de su madre, o en posición horizontal mucho rato, podría atormentar a algunos bebés. El Dr. Harvey Karp, estudió un nuevo concepto llamándole el  “interruptor del llanto”, que intenta reproducir la  vida intrauterina en el exterior, a base de ruidos blancos, (ruidos de secadora, secador, aspiradora…) los cuales se asemejan a los ruidos del vientre materno, con pequeños balanceos en la cabecita (asemejándose a cómo se movían cuando estaban encajados en la pelvis), la succión, y el arrullo (contención constante como en el saco amniótico). Todo esto son herramientas que podrían ayudar a darle al bebé seguridad, como tenía dentro de mamá. Cabe recordar que son muchos los investigadores y la Asociación Española de Pediatría (AEPED) que hablan que en África, países asiáticos o en tribus que se “portea” (llevan en pañuelos) a los bebés, los cuales están en contacto continuo o con la madre o con alguien de la tribu y están en posición vertical y son alimentados a demanda, no existen los cólicos y los bebés solo lloran cuando están enfermos.

* Ansiedad e inexperiencia. También algunos autores nombran las hormonas espejo y cuando los papás están nerviosos y principalmente la madre. Esto podría indicar por qué el porcentaje de cólicos en familias con padres primerizos es mucho más alta. También influiría si la relación entre los padres no es buena, el bebé llora lo que no lo hacen los padres. A veces es bueno rendirnos a confiar, a llorar si hace falta, y a pedir ayuda. Los grupos de apoyo a la lactancia y a la crianza son fundamentales en este aspecto.

Rosa Jové describe a los cólicos como síntomas de los bebés estresados, al igual que los adultos, que cuando tenemos estrés nos duele la cabeza, tenemos ardor de estómago, etc. y el daño llega a ser físico con raíz emocional

 FACTOR FÍSICO: 

Las teorías que se han ido barajando año tras año han sido: gases, alteraciones en el sueño del bebé, alteraciones de la función gastrointestinal, reacciones alérgicas, sistema digestivo o nervioso inmaduro, intolerancia a la leche de vaca, reflejo de eyección de la leche, infección por H. Pylori,  etc.  También existe una mirada interesante desde la osteopatía, en que se trabajan los posibles desajustes en la presión craneal, debido al proceso del parto, como una buena opción para tomar en cuenta tenga o no cólicos.

La AEPED actualmente defiende la teoría del contacto continuo con los padres y, si siguiera llorando, acompañarlos en el llanto sin dejarlos solos y descartar alguna patología anteriormente nombrada.

LA MIRADA DESDE EL MASAJE INFANTIL

A parte de todo lo anterior mencionado, podemos ayudar de alguna manera  a los bebés a evacuar esos gases que podrían llegar a ser molestos, veamos pues:

Durante mucho tiempo la teoría de los gases ha sido de las más arraigadas y, aunque varios estudios y radiografías intestinales no consiguen ver diferencias significativas entre bebés con cólicos y sin ellos, los continuos espasmos que sufren los bebés parecen indicar que pueda ser uno de los factores. Pero, ¿qué los produce?  Para ello se podría prestar atención en el agarre de la toma, si es lactancia materna, y acudir a grupos de apoyo, o en la tetina del biberón, que tendría que parecerse lo máximo posible a la succión del pecho. También sería positivo llevar al bebé en posición vertical junto a los cuidadores preferiblemente en algún portabebés, ya que la leve presión continuada y la postura favorecería a la expulsión de los gases (la barriguita del bebé siempre tocando con el cuidador, nunca hacia fuera). Y, por supuesto, acudir al pediatra para supervisarlo y no medicar al bebé sin prescripción ni con infusiones, ya  que está comprobado que infusiones como el anís pueden ser tóxicas.

Lo primero para hacerle el masaje y aliviar un poquito esos gases, es buscar una alerta tranquila, aquel momento en que al bebé se le ve tranquilo, su respiración es calmada… No es recomendable hacerle el masaje en algún episodio de llanto o cuando está nervioso. Cabe recordar que cuando el bebé llora mucho también traga aire, luego llora porque le puede doler, al llorar entra más aire y entramos en un círculo. Tal y como explica la AEPED: “Las necesidades básicas de los bebés son la protección, el calor y el alimento. Cuando les falta alguna de ellas, primero manifiestan incomodidad, se les ve inquietos e intentan consolarse chupándose el puño, o bostezan, o mueven las extremidades como pidiendo algo. Si no se les atiende, lo más probable es que acaben llorando. Durante los primeros 60 segundos, se trata de una protesta y se calmará con facilidad si la madre o el cuidador les atiende. En caso contrario, tras más de un minuto se desesperan y acaban llorando intensamente manifestando el estrés que están sufriendo.”

Así pues para empezar con el masaje, buscaremos un sitio tranquilo, sin luces fluorescentes, sin prisas, un momento donde podamos estar 100% presentes de mente y cuerpo con nuestro hij@. Respiraremos hondo, nos relajaremos, y nos fijaremos en todos los detalles para ver si realmente le apetece recibir ese masaje. Si no le apeteciera o no le gustara, no forzaremos, haremos toques suaves o abrazos, e iremos probándolo en otras ocasiones.

La secuencia sería: 

  •   Posar las manos abiertas sobre la pancita del bebé, ejerciendo una presión suave y dejarlas unos segundos.
  •   Acariciar la barriga deslizando una mano (plana y con los dedos juntos) y después la otra haciendo movimientos deslizantes de arriba hacia abajo, desde el ombliguito hacia abajo. La zona en un bebé es bastante pequeña, pero es importante hacerla debajo del ombligo, no arriba.
  •   Colocar las rodillas juntas y presionarlas suavemente hacia la barriga. Mantener la posición mientras se cuenta lentamente hasta 6 y luego relajar
  •   Sol y la Luna. Se realiza seis veces con cada mano. Una mano dibuja el círculo completo en la dirección de las agujas del reloj. La otra dibuja con un círculo parcial en esa misma dirección (aproximadamente desde las 10 hasta las 5)
  •    Colocar las rodillas juntas y presionarlas suavemente hacia la barriga. Mantener la posición mientras se cuenta lentamente hasta 6 y luego relajar

# Vanessa Callejón.

Educadora de masaje infantil.

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