Nacemos desnudos y sin vergüenza. El desnudo, por tanto, es lo más natural. O debería serlo. Pero mientras crecemos va tapándose de una serie de prejuicios y sentimientos de culpabilidad. Y con este bagaje valoramos las conductas de los niños. Es bueno detenernos un momento en esta visión porque es muy probable que veamos algo que no lo es.

 

Un bebé es un ser sexual desde cuando nace, quiere decir que siente placer cuando le acariciamos, le mecemos y le cubrimos su pequeña carita de besos. El contacto piel a piel para él es sumamente gozoso, una vuelta al estado paradisiaco de antes de nacer. Pero para él su cuerpo es un todo y no distingue entre diferentes partes de su cuerpo. Solemos, los adultos, otorgar un significado sexual a actos que para el niño no son más que una experimentación.

Cuando descubre sus genitales o los de su papá al bañarse con él, nos asustamos porque en el fondo tememos nuestra propia sexualidad que consideramos prohibida. Para el niño no existe esta denotación, este significado añadido a algo que para él es un mero descubrimiento. Su cuerpo para él es una maravilla y solo tocándolo lo va conociendo: manos, pies, orejas, barriga, pene, vulva, etc.

 

No le debemos privar de esta idea, tampoco cuando empieza a descubrir que tocar ciertas partes de su cuerpo le produce un tipo de cosquilleo distinto a lo habitual (en torno a los 2 o 4 años).

Y tampoco cuando empieza a hacer juegos con otros niños como mirarse los genitales, tocarse, etc. Son una expresión de su curiosidad infantil. Solo son perjudiciales cuando un niño haga algo en contra de la voluntad del otro.

 

¿Por qué se tocan los peques?

 

Es común que los nenes y las nenas disfruten tocando sus genitales; esto forma parte de un proceso de desarrollo normal en la evolución de la sexualidad de las personas.

 

Desde que son bebés suelen descubrir por casualidad, por ejemplo al sacarles el pañal, que al tocar esa zona de su cuerpo sienten placer. Cuando van creciendo, alrededor de los 2, 3 o 4 años buscan estimular estas zonas. Entonces, vemos a las nenas tocándose o rozando contra algún objeto el clítoris y la vulva o balanceándose y a los varones tocándose el pene, con lo cual pueden tener erecciones.

Los peques hacen esto en público ya que todavía no saben diferenciar las cosas que se hacen en privado y las que no.

También es común que se den besos, se abracen, se muestren o toquen los genitales a otros chicos de su edad.

 

Reflexionemos

 

¿Qué nos genera esta nueva actividad de nuestros hijos?. ¿Nos pone incómodos?, ¿nos da vergüenza?,¿no sabemos que decirles?, ¿nos da miedo que lo vean los demás? ¿Cómo vivimos nosotros nuestra sexualidad? ¿Tuvimos la oportunidad de explorar nuestro cuerpo?, ¿cómo fue esa experiencia?, ¿qué nos decían nuestros padres sobre esto?, ¿podíamos disfrutar?, ¿nos daba culpa?, ¿cómo vivimos nuestra sexualidad actualmente?.

 

Algunas recomendaciones

sobre cómo abordar esta situación

 

Permitir que lo hagan, no prohibírselos ya que es una actividad normal y esperable en los niños que ayuda a su desarrollo psicosexual.

Si lo hace en público, distraerlos con otra cosa y luego a solas explicarles que lo que están haciendo deben hacerlo en privado, que pueden hacerlo en el baño o en su cuarto cuando están solos.

Tenemos que cuidar que los chicos no se lastimen, estar atentos y si notan que esto pasa, explicarles que deben hacerlo con más suavidad para no lastimarse.

 

¿Qué es lo que se les debe decir a los  niños?

Exactamente lo que pregunten.

A los niños de tres o cuatro años si se le habla de un modo sencillo y correcto lo entienden todo.

Hay que llamar tranquilamente las cosas por su nombre y hablar con sinceridad y claramente, poniéndoles ejemplos que  puedan  reconocer.

 

¿A qué edad es necesaria una explicación?

En el momento en que  empiezan  a preguntar. Lo cual sucede, hacia los tres o cuatro años. Muchas veces las preguntas  no son claras. En ese caso hay que esforzarse por entender, e intentar llevar a los niños, poco a poco, a que pregunten  lo qué realmente quieren saber. Basta con un signo de desaprobación de los padres, para inducir al niño a reprimir su curiosidad sobre el sexo.

Aún sin prohibiciones directas, si los niños  sienten  que los adultos evitan mostrarse desnudos delante de él o evitan dar respuestas claras a sus preguntas,  sienten  “que está mal interesarse por el sexo” y por tanto intentarán  ocultar esa curiosidad

 

La masturbación infantil

 

Los juegos sexuales son naturales y sanos. Si se deja a los niños  tranquilos, la masturbación nunca tiene consecuencias perjudiciales, por el contrario, es un periodo preparatorio muy importante para la sexualidad del adulto.

Si se castiga a los niños, o se le reprime diciéndole que eso no se hace, puede intentar dejarlo, pero por ello no cesará el impulso, que tiene origen en una excitación física, por tanto, o bien se masturbará  angustiado o bien conseguirán dominarse, pero se sentirán angustiados también.Si los nenes o nenas se tocan con mucha frecuencia o en forma exagerada y no pueden parar de hacerlo, si se lastiman o si continúan haciéndolo en público luego de que les explicamos que deben hacerlo en privado, es conveniente consultar con un especialista.

 

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