Cada vez son más frecuentes los casos en qué una pareja tiene que recurrir a la fecundación in vitro con óvulos de donante. Y esto se debe por distintos motivos que afectan a la mujer: más de treinta y cinco años, ausencia de ovarios, fallo ovárico, baja reserva de óvulos, mala calidad ovocitaria, fallos repetidos de reproducción asistida o riesgo de transmisión de una enfermedad hereditaria por parte materna. En otros muchos casos, también ocurre que es el hombre el que no puede aportar sus propios espermatozoides para el tratamiento de fertilidad y la pareja tiene que recurrir a un donante de semen.

Por lo general, y así lo contempla la Ley, los donantes son hombres y mujeres jóvenes y completamente sanos que ceden sus espermatozoides y óvulos para que los emplee una mujer o pareja con problemas de fertilidad.

En concreto, la legislación española establece que la donación de óvulos es anónima y voluntaria (la comercialización de óvulos y embriones está prohibida). Las donantes deben tener entre 18 y 35 años y reciben una compensación económica por la dedicación y el tiempo destinados a la donación.

Una vez se inicia el proceso, el tratamiento es similar al de la fecundación in vitro convencional: es una técnica que se realiza en el laboratorio y que consiste en fecundar los óvulos procedentes de la donante con los espermatozoides del semen de la pareja. Una vez fecundado, el óvulo se convierte en un embrión y será transferido por nuestro equipo médico especialista al útero, previamente preparado, para que continúe su desarrollo.

En los últimos años el porcentaje de éxito en tratamientos con donación de óvulos o embriones es de casi el 50%, todo un logro.

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