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Uso de los aceites esenciales para la salud

por MUMS Editorial

Publicado originalmente en MUM’S MGZ n.º 1 (octubre-noviembre de 2013).

Por Laura Mestres · farmacéutica, responsable de formación de Pranarôm España

Nota de MUM’S: este artículo se publicó en 2013, cuando su autora era responsable de formación de Pranarôm España. Hemos quitado los nombres comerciales de los productos que citaba.

El término aromaterapia, acuñado en 1928 por el químico perfumista francés René-Maurice Gattefossé, sirve para designar el empleo de los aceites esenciales provenientes de las plantas aromáticas para tratar patologías y mejorar la salud y el bienestar. Al contrario de lo que se suele pensar, la aromaterapia no es una terapia con aromas, sino una terapia con aceites esenciales extraídos de plantas aromáticas (de las que se extraen los aceites esenciales).

La aromaterapia debe basarse en conocimientos botánicos precisos. El desconocimiento y el no respeto de estas precisiones dejan la puerta abierta al abuso y a los efectos secundarios y/o tóxicos. Por este motivo, es indispensable seguir la denominación científica latina. La identificación de la planta toma toda su importancia en el momento en que sirve para tratar enfermedades y/o afecciones. Los aceites esenciales utilizados con fines terapéuticos deben provenir imperativamente de plantas botánicamente certificadas.

Aceites esenciales quimiotipados

Un aceite esencial es un extracto líquido, concentrado y complejo, obtenido por destilación, por arrastre de vapor de agua de plantas aromáticas. Un aceite esencial es la esencia destilada de la planta aromática, que está compuesto por moléculas aromáticas con propiedades terapéuticas concretas.

Por otro lado, el quimiotipo es la especificidad bioquímica que caracteriza a un aceite esencial desde los puntos de vista botánico y bioquímico. Para conocer la verdadera identidad del aceite esencial hay que conocer las moléculas aromáticas contenidas en cada aceite, ya que estas varían en función del biotopo o de las variaciones biológicas de la planta (días de sol, clima, composición del suelo, altitud…): una misma planta puede producir esencias muy diferentes desde el punto de vista bioquímico. De estas variaciones de composición bioquímica de los aceites esenciales surge la noción de quimiotipo.

Las patologías más tratadas con aceites esenciales son las infecciosas, como resfriados, gripes, bronquitis, infecciones virales y bacterianas en general, así como las infecciones parasitarias y fúngicas.

Igualmente, los aceites esenciales se usan con éxito para tratar problemas digestivos, articulares y musculares (un aceite esencial de gaulteria, por ejemplo, debe su potente acción antiinflamatoria a su elevado porcentaje en salicilato de metilo, que puede llegar al 95 %). Además, son muy apreciados en caso de estrés, insomnio, nerviosismo, angustia y depresión.

Para definir la acción terapéutica de un aceite esencial, la aromaterapia científica exige un conocimiento perfecto de la clasificación botánica de las plantas aromáticas, un conocimiento preciso de los constituyentes químicos y quimiotipos y un dominio riguroso de las precauciones de uso en lo que atañe a la dosis, la posología, el modo de empleo (tópico, oral o inhalación) y las contraindicaciones ocasionales. De este modo, el aceite esencial prescrito debe ser un aceite esencial quimiotipado, 100 % puro, 100 % natural y 100 % íntegro.

Aceites esenciales para embarazadas y bebés

Determinados aceites esenciales están contraindicados en mujeres embarazadas, durante el periodo de lactancia o en niños menores de 3 meses. Pero depende de cada producto y de su composición. Evidentemente, está claramente indicado en el prospecto, y es mejor pedir información a su farmacéutico o naturópata experto en aromaterapia.

Lo más importante es tener en cuenta que no todos los aceites esenciales son aptos para embarazadas y bebés, por su grado de concentración y por su composición bioquímica, ya que hay moléculas que pueden ser tóxicas para ellos (fenoles, cetonas, eucaliptol, mentol…).

A partir de los 3 meses, en la aplicación por vía tópica, siempre hay que diluir el aceite esencial en un aceite vegetal de calidad, suave, tipo avellana o nuez de albaricoque, o en una crema natural sin parabenos ni conservantes, para no irritar la piel al realizar el masaje.

Existen, por ejemplo, geles para el pecho con aceites esenciales de olivardilla y abeto balsámico, y fórmulas con manzanilla romana, hinojo y lavanda pensadas para las molestias digestivas del lactante.

Su uso debe ser el recomendado; es decir, como con cualquier medicamento, hay que seguir unas pautas para las tomas según nos indique el farmacéutico y según el prospecto en los productos formulados.

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Natural no es sinónimo de inocuo. Los aceites esenciales son sustancias muy concentradas y algunas de sus moléculas, como el alcanfor, el mentol o el cineol (eucaliptol), pueden provocar convulsiones en niños pequeños. Por eso la Agencia Española de Medicamentos contraindica desde 2011 los supositorios con estos derivados terpénicos en menores de 30 meses y en niños con antecedentes de convulsiones o epilepsia.

Para el catarro de los peques, la Asociación Española de Pediatría recuerda que lo más útil son los lavados nasales con suero fisiológico, sobre todo antes de las tomas y de dormir; los anticatarrales y los antitusivos no están indicados en niños. Si quieres usar un producto con aceites esenciales, consulta antes con tu pediatra o farmacéutica, respeta la edad mínima del prospecto y guárdalo fuera de su alcance, como cualquier medicamento.

Fuentes

MUM'S MGZ

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