Publicado originalmente en MUM’S MGZ n.º 1 (octubre-noviembre de 2013).
Por Mercedes D. Martínez de Campos · directora de MDS-Pilogen
Eco, bio, natural… son todas denominaciones que hacen alusión a productos que nos transmiten la idea de la ecología y lo natural. Pero ¿qué es exactamente un producto ecológico, biológico o natural? ¿Es lo mismo? ¿Cómo podemos saber si un producto tiene estas características verdaderamente?
Comencemos por lo básico: los nombres. En el caso de los términos «ecológico» y «biológico», podemos afirmar que son equivalentes. En ambos casos se trata de términos que se refieren a productos que han seguido un proceso de producción que no ha sufrido alteraciones químicas. Por ejemplo, en el caso de los alimentos, se trataría de cultivos en los que se respeta un proceso natural. Así, se utilizan semillas no alteradas genéticamente para la siembra, se emplean abonos naturales en las zonas de cultivo, se evitan pesticidas químicos para su cuidado, etc. Esto explica que las cosechas sean más escasas y, por tanto, que su precio sea mayor.
Lo mismo sucede con los cosméticos, en los que los ingredientes que se utilizan tienen las mismas características que los de los alimentos. Por ejemplo, una crema que contiene caléndula de origen biológico está indicando que se ha usado la planta de la caléndula de origen natural, tratada adecuadamente para su uso cosmético, en lugar del extracto de caléndula de origen químico sintetizado en laboratorio. El uso de esta nomenclatura, además, está regulado. Es decir, los términos ECO y BIO solo pueden usarse si efectivamente responden a las características que hemos explicado. En cuanto al uso, en Europa suelen usarse los términos BIO y ECO, mientras que ORGANIC es más habitual en los países anglosajones. En cuanto al término «natural», podemos aclarar que no es una clasificación, sino una descripción de tipo genérico. Por lo tanto, un producto «natural» no necesariamente es biológico o ecológico.
En el caso de los procesos de producción, también existen diferencias importantes con respecto a la fabricación de productos industriales. Por ejemplo, en el caso de los cosméticos, estos procesos respetan los tiempos de las mezclas de los ingredientes, así como los tiempos de los enfriamientos a los que estos productos necesitan someterse, de tal manera que el producto final gana en estabilidad y calidad. Este tipo de productos se fabrican, por tanto, respetando también lo que sus ingredientes requieren. Se usan técnicas y maquinaria moderna, pero la tecnología actual convive con una forma de trabajar que está fundamentalmente orientada a la calidad y no a los volúmenes y velocidades que exigen los procesos industriales.
Además, existen entidades certificadoras independientes que realizan un trabajo de supervisión, tanto de los ingredientes como de los procesos de producción, y que otorgan un certificado numerado que en los productos aparece como un sello con su número. En estos casos, podemos estar seguros de que los productos que aportan este tipo de certificado cumplen con toda la normativa que las entidades certificadoras establecen. Este aspecto es muy interesante porque dichas entidades establecen unas reglas que suelen ser muy exigentes y que los fabricantes y productores deciden aplicar libre y voluntariamente, más allá de la normativa legalmente establecida. Y no solo eso: los productos que tienen sello de una entidad certificadora independiente están sometidos a unas auditorías y controles periódicos por parte de las entidades para mantener su sello de certificación. Esto garantiza que los productos, ingredientes y procesos responden a unos niveles de una gran calidad.
Además de estos sellos, los productos biológicos suelen incorporar toda una serie de indicadores que nos informan sobre las características de los ingredientes, los envases y los procesos. Los fabricantes no están obligados a cumplir todos esos requisitos; sin embargo, eligen voluntariamente y por responsabilidad y coherencia seguir todos los requisitos que dichos símbolos indican.
El uso continuado de productos químicos o derivados del petróleo está dando lugar a problemas y reacciones no deseadas. Cada vez es más frecuente encontrar pieles atópicas, alergias y otro tipo de reacciones en bebés, niños y adultos.
¿Y qué podemos decir de la eficacia de estos productos?
¿Funcionan realmente? La respuesta es que sí; ahora bien, todo depende de las cantidades de cada ingrediente que se utilicen en sus fórmulas y de cómo se combinan o formulan dichos ingredientes. Lógicamente, este es el secreto mejor guardado de los fabricantes. Pero la mejor prueba de su eficacia es que los productos tengan clientes fieles y contentos con el resultado que obtienen con su uso. En el caso de los cosméticos, podemos hacernos una idea de los ingredientes mirando la información que es obligatorio que incluyan en su envase. Los ingredientes aparecen por orden decreciente en función de la cantidad utilizada en la fórmula. Así, por ejemplo, si una empresa hace su publicidad indicando que un determinado artículo suyo contiene una gran cantidad de aceite de argán, pongamos por caso, este ingrediente debería aparecer en la lista en los primeros puestos.
Finalmente, ¿por qué se han puesto de moda este tipo de productos? Efectivamente, la tendencia es creciente y los motivos son varios. En primer lugar, por un deseo de muchas personas de ser más respetuosas con la naturaleza en toda su dimensión, volviendo a usos tradicionales de lo que la naturaleza nos ofrece y siendo así también más respetuosas con nuestro organismo a la hora de alimentarnos y cuidarnos. En segundo lugar, porque el uso continuado de productos con ingredientes de origen químico o derivados del petróleo está dando lugar a problemas y reacciones no deseadas. Así, es cada vez más frecuente encontrar pieles atópicas, alergias y otro tipo de reacciones en bebés y niños, pero también entre la población adulta. En estos casos, la «curación» no se produce con la ingesta o aplicación de medicamentos, que pueden inicialmente paliar los síntomas, pero cuyo uso no se puede prolongar indefinidamente. La solución en muchos casos pasa por un cambio de productos y hábitos, eligiendo aquellos que nos ofrezcan la seguridad que necesitamos para nuestra salud. Los productos biológicos son una excelente alternativa que puede responder muy bien a esta situación.
Sellos de las principales entidades certificadoras de productos cosméticos: Ecocert, ICEA, BDIH y Soil Association.
Sigue leyendo en MUM’S:
Actualización 2026
Los sellos han cambiado desde 2013. Ecocert, Cosmebio, ICEA, BDIH y Soil Association, las entidades que citaba este artículo, crearon juntas el estándar COSMOS, que hoy certifica cosméticos con las menciones COSMOS ORGANIC y COSMOS NATURAL. Si buscas cosmética ecológica de verdad, fíjate en que lleve un sello certificado, no solo la palabra «bio» o «natural» en el envase. En la Unión Europea, cualquier alegación de un cosmético debe ser veraz y demostrable (Reglamento UE 655/2013).
Un matiz importante: natural no significa «sin alergias». Los extractos vegetales y los aceites esenciales también pueden irritar la piel o provocar alergias, sobre todo si es atópica. Para bebés y niños, lo más sensato es usar pocos productos, sin perfume, y consultar con el pediatra o el dermatólogo si hay eccema.
Fuentes
- COSMOS-standard. Setting the standard for organic and natural cosmetics. https://cosmos-standard.org/
- Reglamento (UE) n.º 655/2013 de la Comisión, sobre criterios comunes para justificar las reivindicaciones de los productos cosméticos. https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=CELEX:32013R0655