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Síntomas de la perimenopausia: no necesitas una analítica para que te crean

por MUMS Editorial

Llegué a la consulta de la ginecóloga de la Seguridad Social con la esperanza de que, por fin, alguien pudiera ayudarme a entender qué me estaba pasando y a dejar atrás aquel agotamiento que se había instalado en mi vida. Quería creer que encontraría respuestas, que me ayudarían a transitar esta etapa y que, poco a poco, todo volvería a ser como antes: las ganas, la energía, la alegría de sentirme yo otra vez…

Le conté lo que me pasaba: reglas interminables, un cansancio que no desaparecía por mucho que descansara, la sensación de que los músculos se me deshacían y una niebla mental que me dejaba en blanco intentando recordar palabras tan sencillas como «tenedor». Sí, tenedor. Esa palabra que has utilizado toda la vida y que, de repente, parece haberse borrado de tu cabeza.

Tenía la esperanza de que ponerle nombre a todo aquello fuera el primer paso para encontrar una solución: ¡perimenopausia! Además, no llegaba a ciegas. Había leído, investigado y contrastado información. Creía saber qué me estaba pasando y buscaba orientación profesional.

La ginecóloga me escuchó, pero me dijo que sin una analítica no podía demostrar que fuera perimenopausia. Y que, probablemente, lo que tenía era covid persistente.

Salí de la consulta con una mezcla difícil de explicar: rabia, frustración, vergüenza y unas ganas tremendas de llorar. Como si acabara de suspender un examen sobre mi propio cuerpo. Como si todo lo que llevaba meses sintiendo no fuera suficiente.

Y con una pregunta que se quedó rondándome la cabeza durante semanas: ¿y si me lo estoy inventando?

No. No me lo estaba inventando.

Y tú, si estás leyendo esto y algo de lo que cuento te resulta familiar, tampoco tienes por qué dudar de lo que estás sintiendo.

Lo que dice la guía (y lleva diciéndolo desde 2015)

La guía británica de menopausia del NICE (NG23) y su estándar de calidad sobre diagnóstico son claros: en mujeres de 45 años o más, sin otros problemas de salud, la perimenopausia y la menopausia se diagnostican por los síntomas, sin necesidad de pruebas de laboratorio.

  • Perimenopausia: sofocos o sudores que han empezado hace poco y cambios en la regla.
  • Menopausia: al menos 12 meses sin regla sin usar anticoncepción hormonal (o, si te han quitado el útero, según los síntomas).

¿Y por qué no sirve la analítica? Porque durante la perimenopausia las hormonas suben y bajan sin avisar. El NICE lo dice sin rodeos: las pruebas, en especial la de la FSH, no ayudan a diagnosticarla. Un resultado «normal» un martes puede ser «de menopausia» el viernes siguiente.

Medir la FSH en plena perimenopausia es como hacerle una foto a una montaña rusa: según el segundo en que dispares, sales arriba o abajo. Esa foto no te dice nada del viaje.

La guía tampoco recomienda, para diagnosticar a partir de los 45, la hormona antimülleriana, las inhibinas, el estradiol, el recuento de folículos ni el volumen ovárico.

Los matices que conviene conocer

  • Entre los 40 y los 45 años: se puede plantear una FSH si hay síntomas y cambios en la regla.
  • Antes de los 40: si se sospecha una menopausia precoz (insuficiencia ovárica prematura), sí hacen falta pruebas.
  • Que no hagan falta análisis para diagnosticar la perimenopausia no significa que nunca haya que hacerlos. Si hay sospecha de otra causa, puede pedirse, por ejemplo, la función tiroidea o un hemograma. Descartar otras cosas es buena medicina; negar lo evidente por falta de una prueba que no sirve, no.

Los síntomas de la perimenopausia: mucho más que sofocos

Según el Barómetro de la Menopausia 2025 de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM), las mujeres en perimenopausia conviven de media con 8 o 9 síntomas a la vez. No es «un poco de calor».

En la regla

Ciclos más cortos o más largos, reglas más abundantes o que desaparecen un par de meses y vuelven como si nada.

En el termostato

Sofocos que suben del pecho a la cara y sudores nocturnos que te obligan a cambiar de camiseta a las cuatro de la mañana.

En el sueño y la energía

Despertares de madrugada, sueño que no descansa y un cansancio que no se arregla con un fin de semana tranquilo.

En la cabeza y el ánimo

Irritabilidad, ansiedad, bajones sin motivo aparente, dificultad para concentrarte y esa palabra que tienes en la punta de la lengua y no sale.

En el cuerpo

Dolores articulares y musculares que te hacen sentir oxidada por las mañanas.

En la zona íntima y en el deseo

Sequedad vaginal, molestias al orinar, menos ganas de sexo.

¿Y el covid persistente?

Seamos justas, y te lo digo con conocimiento de causa: en 2023, después de dos días en cama con fiebre por covid, me desperté sin ver bien, con dos manchas negras en el centro de la retina. Me diagnosticaron una enfermedad rara de la mácula. Sé que el covid puede dejar huella.

El covid persistente existe y comparte síntomas con la perimenopausia, como el cansancio, la niebla mental, el mal dormir o las palpitaciones. Incluso pueden coincidir. Plantearlo no es el problema. El problema es descartar la perimenopausia por falta de una analítica que la propia guía dice que no aclara nada, y dejar a una mujer sin explicación ni tratamiento.

Cuando dan las cosas por hecho

A los 41 empecé con mastitis de repetición. En urgencias, más de una vez, me preguntaron cuánto tiempo llevaba dando el pecho. Hacía años que no daba el pecho.

Ojo: la mastitis no es un síntoma de la perimenopausia. Fuera de la lactancia se ha relacionado sobre todo con el tabaco. Pero me sirvió para aprender algo: a cierta edad, primero se da por hecho y después, con suerte, se escucha. Por eso es tan importante llegar a consulta con tus datos.

Cómo llevar la consulta para que te escuchen

  1. Haz un diario de 4 a 8 semanas: fechas de regla, sofocos, sueño y ánimo. Los datos ordenados hablan por ti cuando a ti te tiembla la voz.
  2. Prepara una frase: «Tengo [tu edad] años, sofocos desde hace [X] meses y cambios en la regla. Según la guía NICE, a partir de los 45 esto permite diagnosticar la perimenopausia sin analítica de FSH».
  3. Si te piden pruebas, pregunta para qué: «¿Qué queremos descartar?». Es una pregunta legítima, no un desafío.
  4. Pregunta qué opciones de tratamiento tienes, con y sin hormonas.
  5. Si no te escuchan, busca otra puerta: medicina de familia, la matrona de tu centro o una segunda opinión. Cambiar de profesional no es una traición; es cuidarte.

Lo que aprendí

Que mi cuerpo no necesitaba un papel con números para tener razón. Que la palabra «perimenopausia» me dio un alivio enorme, porque lo que tiene nombre se puede entender y tratar. Y que muchas de las mujeres que me rodeaban estaban pasando por lo mismo en silencio.

Busqué otra puerta, y en breve empezaré un tratamiento hormonal por la privada. Me alegro por mí, y me indigna por todas las que no pueden pagarla.

Según el mismo barómetro, 8 de cada 10 mujeres de más de 40 años están preocupadas por estos síntomas, pero solo el 57 % ha consultado a un profesional. Si estás en ese 43 % que todavía no ha ido, este artículo es tu empujoncito.

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Fuentes

Este artículo es divulgativo y no sustituye la consulta de ginecología ni la de medicina de familia.

MUM'S MGZ

MUM'S MGZ · Tarragona

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