Hay noches en las que, a las tres de la madrugada, estoy despierta, destapada, con la camiseta pegada a la espalda, mirando el techo y preguntándome si esto va a ser así para siempre.
Y cuando por fin consigo dormirme, suena el despertador de mi hija de 14 años. Son las seis de la mañana y ella ya está frente al espejo, entre planchas de pelo, cremitas y una rutina de skincare que tiene más pasos que mi declaración de la renta.
Dos tormentas hormonales bajo el mismo techo: la suya acaba de empezar; la mía está cambiando de rumbo. Ella descubriendo quién es y yo intentando no perder de vista quién era. Y a las siete de la mañana, entre sus prisas y mis pocas horas de sueño, ninguna de las dos tiene paciencia para nada.
Si te reconoces en esta escena, quiero decirte dos cosas antes de seguir: no estás exagerando y hay tratamientos que pueden ayudarte.
Te lo digo porque a mí me costó que me creyeran. Fui a la ginecóloga de la Seguridad Social por la perimenopausia y salí de la consulta con un diagnóstico de covid persistente, porque «sin analítica no se puede demostrar». Te lo cuento entero en Síntomas de la perimenopausia: no necesitas una analítica para que te crean.
La referencia más sólida que tenemos es la guía británica «Menopause: identification and management» (NG23) del NICE. Se publicó en 2015, se revisó a fondo en noviembre de 2024 y se ha vuelto a retocar en 2025 y abril de 2026. Vamos al grano con la terapia hormonal en la menopausia y todo lo que la acompaña.
Lo que deja claro la guía
1. Para los sofocos, la terapia hormonal va primero
Hubo polémica: un borrador parecía insinuar que la terapia psicológica podía sustituir a las hormonas, y muchas mujeres nos sentimos, otra vez, mandadas a casa con un «relájate». La versión final fue clara: la terapia hormonal sustitutiva (THS) es el primer tratamiento para los sofocos y los sudores nocturnos.
Eso no significa «hormonas para todas y sin preguntar». Significa que en la consulta deben sentarse contigo, hablar de beneficios y riesgos según el tipo, la dosis y el tiempo, y adaptarlo a ti: a tu edad, a tu historia y a tus antecedentes.
2. La terapia cognitivo-conductual: una herramienta más, no un «es que estás nerviosa»
Desde 2024, el NICE recomienda también la terapia cognitivo-conductual (TCC) específica para la menopausia a partir de los 40 años:
- Junto con la THS, si quieres reforzar.
- En lugar de la THS, si no puedes tomarla o prefieres no hacerlo.
- Para el bajo estado de ánimo y los problemas de sueño que van de la mano de los sofocos.
Los estudios muestran que duermes mejor y que los sofocos pueden ser algo menos frecuentes e intensos. Pero el gran cambio es otro: los sofocos dejan de amargarte el día. Puede que sigan llegando, pero te pillan menos desprevenida, te angustian menos y dejan de decidir por ti si vas a esa cena o no.
Es como aprender a surfear: las olas siguen llegando, pero ya no te revuelcan. Te lo explico a fondo en Terapia cognitivo-conductual para la menopausia: qué es y cómo puede ayudarte.
3. Los riesgos: pequeños, concretos y con matices
Si has crecido con titulares que asociaban hormonas y cáncer, es normal que te dé miedo. La guía incluye tablas para hablar de riesgos con números y no con sustos:
- Trombosis: la THS oral aumenta el riesgo; la transdérmica (parches, gel) no se ha asociado a ese aumento.
- Ictus: pequeño aumento con estrógenos orales, no con transdérmicos.
- Cáncer de mama: aumento pequeño con algunas pautas combinadas, que depende del tipo y del tiempo de uso. Esta conversación tienes que tenerla en consulta, con tus antecedentes encima de la mesa.
- Huesos: la THS reduce el riesgo de fracturas por fragilidad.
4. Novedad de abril de 2026: los sangrados que no tocan
Si tomas THS y tienes sangrados que no esperabas, la guía se ha alineado con la de sospecha de cáncer del NICE para aclarar cuándo hay que estudiarlos. En los primeros meses es frecuente sangrar algo, pero no lo normalices tú sola: apunta cuándo, cuánto y durante cuántos días, y coméntalo.
Cómo preparar la consulta (para que no te despachen en cinco minutos)
- Lleva un diario de síntomas de 4 semanas: sofocos, sueño, ánimo, reglas, dolores, sequedad vaginal. Una lista en la mano pesa más que un «estoy fatal» dicho con la voz rota.
- Pregunta por la vía: «¿Me conviene más parche o gel que pastilla?».
- Pregunta por alternativas: «¿Qué opciones tengo si no quiero o no puedo tomar hormonas?».
- No te olvides de la zona íntima: la sequedad y las molestias al orinar tienen tratamiento local específico, también revisado en 2024.
- Habla de anticoncepción: en la perimenopausia todavía te puedes quedar embarazada. A mí me retiraron la píldora a los 40 por ser fumadora, y nadie me explicó qué venía después. No es un trámite: es una conversación.
Y en casa, con la adolescente
A veces me sorprendo pensando que mi hija y yo estamos atravesando lo mismo desde extremos opuestos del puente. Ella descubre un cuerpo que cambia y no entiende; yo, también.
- Ponedle nombre: los «días rojos». En casa lo hemos convertido en código. Un «hoy es día rojo» basta para que la otra sepa que el mal humor no va con ella, que hoy toca paciencia extra y cero debates. Lo usamos las dos, porque las hormonas adolescentes también tienen sus días. Y de paso le enseñas que el cuerpo de una mujer no es un secreto del que se habla en voz baja.
- Discutir también es normal. La ropa, la habitación, el «no estés tanto rato en el baño»… Seguimos teniendo nuestras peleas de manual. La diferencia es que ahora sabemos de dónde vienen y nos cuesta menos hacer las paces.
- Pactad las mañanas. Si las dos dormís mal, que el desayuno no sea un campo de batalla: mochila y tostadas preparadas la noche antes, y ningún debate importante antes del café.
- Cuidaos en las dos direcciones. Tú le explicas la regla; ella te enseña a silenciar el grupo de WhatsApp del cole. Y alguna noche de insomnio compartido acaba en confidencias en la cocina que no cambiaría por nada.
- Que alguien sepa en qué momento estás. Tengo la suerte de tener una pareja que me acompaña en todo el proceso y entiende el momento vital que estamos viviendo. Si tienes pareja, compártele este artículo. Si no, busca tu tribu: amigas, hermanas, compañeras. Nadie debería pasar esto a oscuras.
Lo que me habría gustado que alguien me dijera
Que no estaba loca. Que no era «la edad» como quien dice «es lo que hay». Y que pedir ayuda no era quejarse.
La guía es británica y el acceso real a la THS y a la TCC en España depende mucho de tu comunidad y de tu centro de salud. La propia guía reconoce que faltan profesionales formados en TCC para la menopausia. Si te despachan con un «es normal a tu edad», pide que te deriven o busca otra opinión. Yo acabé encontrando tratamiento por la privada. Poder pagarlo no lo hace justo: el acceso a la terapia hormonal no debería depender del bolsillo. La menopausia no es una enfermedad, pero lo que te hace sentir sí merece cuidado.
Sigue leyendo
- Síntomas de la perimenopausia: no necesitas una analítica para que te crean
- Terapia cognitivo-conductual para la menopausia: qué es y cómo puede ayudarte
Fuentes
- NICE. Menopause: identification and management (NG23). Publicada en 2015, última actualización 15 de abril de 2026. https://www.nice.org.uk/guidance/ng23
- NICE. NG23, Update information (cambios de 2024, 2025 y 2026). https://www.nice.org.uk/guidance/NG23/chapter/update-information
- NICE. NG23, Resource impact summary report (TCC y THS). https://www.nice.org.uk/guidance/ng23/resources/resource-impact-summary-report-13559541229
- The Pharmaceutical Journal. NICE recommends cognitive behavioural therapy for treatment of menopause symptoms (2024). https://pharmaceutical-journal.com/article/news/nice-recommends-cognitive-behavioural-therapy-for-treatment-of-menopause-symptoms
- The Pharmacist. New NICE guidance clarifies HRT as first line treatment for menopause symptoms. https://www.thepharmacist.co.uk/clinical/womens-health-clinical/new-nice-guidance-clarifies-hrt-as-first-line-treatment-for-menopause-symptoms/
Este artículo es divulgativo y no sustituye la consulta de ginecología ni la de medicina de familia.