Publicado originalmente en MUM’S MGZ n.º 19 (junio de 2015).
Por Redacción MUM’S
Toda persona tiene la capacidad de dar y recibir amor, y la sexualidad forma parte de nuestras vidas.
En la edad adulta, el afecto en una relación de pareja puede expresarse a través de la intimidad sexual. Cuando son deseadas y satisfactorias para ambas personas, las relaciones sexuales pueden contribuir al bienestar personal y fortalecer el vínculo de pareja.
Para muchas parejas, el placer sexual enriquece la vida en común. En ocasiones, las dificultades en la intimidad pueden generar tensiones y contribuir a una ruptura.
Mitos y tabúes en la sexualidad humana
Si analizamos por separado a hombres y mujeres, hay diferencias en los mitos y tabúes según el sexo, y podemos considerar que empiezan a gestarse incluso antes del nacimiento. A la mujer, desde que está en el vientre de su madre, se la coloca en el famoso mundo rosa: los colores que se le asignan son los suaves y los tonos pastel; de ella se espera que sea dulce, cariñosa, afable, suave y pasiva, y todo ello marca hasta sus juegos infantiles y sus profesiones futuras. Así se constituyen los mitos femeninos:
Mujer es igual a madre
(primera y suprema aspiración femenina).
El amor femenino debe ser romántico.
Debe tener una pasividad erótica:
no debe tomar nunca la iniciativa ni ser la parte activa en los lances amorosos.
Todo esto marca desfavorablemente la expresión de su sexualidad, pues se le expropian espacios vitales femeninos y se le oculta y marca la sexualidad desde la cuna. Durante muchas generaciones, a las mujeres se les ha lastrado la autoestima y el autoerotismo, pues no les estaba permitido manifestar sus deseos, pasiones y necesidades sexuales. Se les negaban los espacios públicos porque «eran de casa». Se las preparaba desde niñas para la maternidad (su función principal como sexo) y se les enseñaba que debían ser buenas madres y esposas fieles, monógamas, cariñosas, dulces y comprensivas; no se les estimulaba el disfrute de la sexualidad, se limitaba la expresión de su conducta sexual… En fin, se las preparaba para satisfacer y atender las necesidades de los demás.
Todo lo anterior influye en que la mujer no logre un pleno disfrute de sus encuentros sexuales y, a la larga, puedan aparecer disfunciones sexuales femeninas, como, por ejemplo, el deseo sexual inhibido.
Por suerte, las cosas están cambiando, y las mujeres cada vez somos más conscientes, activas y tomamos la iniciativa en todos los aspectos de nuestra vida.
Actualización 2026
Si sientes que tu deseo ha cambiado o te cuesta disfrutar, no estás sola: los problemas de deseo son la consulta sexual más frecuente en mujeres, sobre todo en la crianza y la perimenopausia. Hablarlo con la pareja, informarse y, si hace falta, consultar a una sexóloga o a una fisioterapeuta de suelo pélvico (si hay dolor) ayuda mucho. Lee también Sexualidad y maternidad y Posparto y relaciones sexuales.
