Publicado originalmente en MUM’S MGZ n.º 1 (octubre-noviembre de 2013). Traducido del catalán.
Por Redacción MUM’S · con información de la Organización Mundial de la Salud (OMS)
Durante la primera infancia (desde el periodo prenatal hasta los 8 años), los niños experimentan un crecimiento rápido en el que influye mucho su entorno. Muchos problemas que sufren los adultos, como problemas de salud mental, obesidad, cardiopatías, delincuencia o una deficiente alfabetización y destreza numérica, pueden tener su origen en la primera infancia.
La primera infancia es el periodo de desarrollo cerebral más intenso de toda la vida. Es fundamental proporcionar una estimulación y una nutrición adecuadas para el desarrollo durante los tres primeros años de vida, ya que es en estos años cuando el cerebro de un niño es más sensible a las influencias del entorno exterior. Un rápido desarrollo cerebral afecta al desarrollo cognitivo, social y emocional, lo que ayuda a garantizar que cada niño o niña alcance su potencial y se integre como parte productiva en una sociedad mundial en rápido cambio.
Cuanto más estimulante sea el entorno en la primera infancia, mayor será el desarrollo y el aprendizaje del niño. El desarrollo lingüístico y cognitivo es especialmente intenso entre los seis meses y los tres años de vida. Los niños que pasan su primera infancia en un entorno menos estimulante, o menos acogedor emocional y físicamente, verán afectado su desarrollo cerebral y sufrirán retrasos cognitivos, sociales y de comportamiento. Estos niños, en etapas posteriores de su vida, tendrán dificultades para enfrentarse a situaciones y entornos complejos. Los niveles altos de adversidad y estrés durante la primera infancia pueden aumentar el riesgo de enfermedades relacionadas con el estrés y de problemas de aprendizaje hasta bien avanzada la edad adulta.
Factores de riesgo
Numerosos factores pueden interrumpir el desarrollo del niño en la primera infancia. Los cuatro siguientes afectan como mínimo al 20-25 % de los lactantes y niños de corta edad en países en desarrollo:
- Malnutrición crónica lo bastante grave como para frenar el crecimiento.
- Estimulación u oportunidades de aprendizaje insuficientes.
- Carencia de yodo.
- Anemia ferropénica.
El desarrollo de una conexión emocional temprana con un cuidador también es fundamental para el bienestar de un lactante. Si el niño no cuenta con un cuidador habitual con el que establecer un vínculo afectivo —como ocurre en los orfanatos gestionados deficientemente—, puede sufrir efectos perjudiciales significativos en su desarrollo cerebral y en su función cognitiva.
Las familias son la clave del desarrollo en la primera infancia.
Sigue leyendo en MUM’S:
- Juguetes: ¿cómo elegirlos? Guía por edades y consumo responsable
- El masaje infantil: beneficios para el bebé y el vínculo
- Pedagogía alternativa: escuelas libres, Waldorf y Montessori
Actualización 2026
En 2018, la OMS, UNICEF y el Banco Mundial convirtieron esta idea en una hoja de ruta: el marco del cuidado cariñoso y sensible (Nurturing Care). Resume lo que un niño necesita para desarrollarse en cinco ingredientes: buena salud, nutrición adecuada, seguridad y protección, cuidados receptivos y oportunidades de aprendizaje temprano.
Lo bueno es que casi todo cabe en el día a día: hablarle, cantarle, leerle un cuento, responder cuando llora o señala algo, jugar en el suelo… No hacen falta juguetes caros ni métodos de estimulación: el «entorno estimulante» del que habla este artículo eres, sobre todo, tú.
Fuentes
- Nurturing Care Framework (OMS, UNICEF y Banco Mundial, 2018). What is the Nurturing Care Framework. https://nurturing-care.org/about/what-is-the-nurturing-care-framework/
- OMS, UNICEF y Banco Mundial (2018). El cuidado cariñoso y sensible para el desarrollo en la primera infancia (versión en español). https://nurturing-care.org/resources/NCF_Spanish.pdf